viernes, 10 de julio de 2009

El Mundo al revés (I)


Una cafetera, una libreta y un cigarro.

Un pensamiento lejano y borroso que me lleva hasta la arena de la playa…
hasta una promesa disfrazada de dinosaurio.

Doblando un recuerdo a modo de papiroflexia, suena el teléfono… a lo lejos…
(Ahora sé porque corría en su busca para descrifar sus mensajes encubiertos en una botella.)


No pensaba por aquel entonces en las mariposas en el estómago, ni siquiera en mis zapatos de charol o mi sombrero de ala corta.


Salgo al exterior para escribir, y en una calle (donde huele a tostadas y mermelada) un niño me sonríe y me invita jugar. Sus ojos son los de un octogenario y su voz la de un adolescente a punto de descifrar un universo distinto.

Sin darme cuenta la sombra del niño caminó hasta mí,
y tras la puerta dejó una nota:



4 comentarios:

Egocéntrico dijo...

Cómo duele estar siempre en la duda de si el espejo que estás mirando está roto... o manido por el tiempo.

Café con Agua dijo...

La duda no siempre se debe proyectar en negativo; tal vez lo que nos refleje, sea algo que nos gusta...

Bss.

Víctor L. Briones Antón dijo...

Totalmente de acuerdo con Café, tendemos a creer que la duda es ominosa y amenazadora cuando no es más que un principio, incierto pero prometedor.
Tu entrada me llenó de optimismo. No está de más dejar de creer en los espejos.

Saludos y besos

Café con Agua dijo...

Me alegra mucho Víctor! Es lo que más me gusta desprender cuando escribo, optimismo y esperanza... y disfrutar que nunca viene mal!


Un abrazo y bss.