domingo, 9 de octubre de 2011

Noches Doradas

Lo diminuto de los detalles, fué lo que comenzó a inquietarle.


Los brillos, la purpurina, la peluca y el carmín saturaban la suave sonrisa que se apagó una noche... aquella noche.

Esa maldita noche danzaban las esquinas y reboloteaban las farolas que iluminaban los pasos de los transeúntes que curiosos,
la contemplaban en su escaparate.

Fué allí donde le arrancaron el cuerpo ( para violarle el alma)
y moldearon su busto inerte, ya sin expresión y sin sonrisa.

Pero cuando lo pequeño te inunda,
lo diminuto se hace grande.

Y allí en la bañera se encontró con su otro alma.
Rotos de deseo transformaron aquella pecera
en el océano que los devolvería a la vida,
donde una lluvia dorada de purpurina reflejó la magia de aquella,
su última noche.


Café con Agua