
¡Frota, frota!-Decía la jovenzuela, con una mezcla de deseo y temor.
"Si cumples mis deseos, prometo cumplir los tuyos también, y por fín te podré liberar de esa maldita lámpara."
Pero el cuento se invirtió, y además de no realizarle ningún deseo a la jovenzuela, el Genio de la Lámpara, salió liberado y desapareció para siempre.
Sólo le quedo una moraleja de la que aprender a la pequeña campesina (que más tarde se convertiría en Diosa...):
Café con Agua