
Trancurría paciente su búsqueda de Wally...
mientras las noches retozaban entre ronroneos, la niña-gato soñaba con sus tejados.
Fiel y serena, paseaba por las aceras y jugaba con el viento.
a veces, tropezaba con romances de ida y vuelta... y otras con gatos callejeros...
Para ella, existía su niño-gato.
Y de tanto soñarle, un buen día los dibujó sobre un papel de su libreta de cartón, la que la acompaña siempre en cada una de sus siete vidas, y el trazo fué tan perfecto, que en ese justo tiempo su sueño se hizo realidad.
Café con Agua