Tras la esquina encontró la boca, Y tras ella, la escalera que la conducía al fin de los sueños perdidos.
La bolsa cargaba el peso de los miedos y la lucidez de los fluorescentes. Se reflejaba en los espejos el grueso de lo deformado, olía a viejo y el tacto era áspero, en su ciudad todo lo nuevo se tornaba usado. Deshacerse de los bultos… (pensó), observando el contraste de los colores que retumbaban a su alrededor… al llegar, la velocidad del metro crujió fuerte en su abdomen, tomó asiento y observó detenidamente el contenido.
Durante el viaje, el fantasma del vagón había descifrado el enigma de temores y versos. Al bajar de él, sintió más ligero su paso, escupía libertad en cada gesto…
Nadie pudo quedarse la bolsa, en el vagón sólo quedó el vacío y las notas de un fado.